Durante todo el año anterior habían trabajado muy duro pues ahora las chicas sólo querían pasar el tiempo descansando, o, a veces si tenían ganas, hablando en español.En el día de su llegada hacía mucho calor. A las chicas les esperaba un montón de gente. Una parte eran los españoles, pero todavía las chicas no sabían, quién era español, y quién era polaco. Sobre todo, hay que decir que las alumnas notaron que algunos se comportaran de otra manera. Después de alojarse y comer, aburriéndose muchísimo, salieron fuera del lugar donde tenían su habitación, llamado el castillo. Se sentaron en el banco y tomando el sol conocieron a algunas personas del campo y hablaban de todo, pero seguían aburriéndose aburrían.
Pensando que toda su estancia en Wrocław iba a ser aburrida pasaban todo el día, pero en la mañana del día siguiente cambiaron de opinión.
Se despertaron en la madrugada.
Bueno, eran las 7 pero a las chicas les parecía de noche. Bostezando iban a la reunión de todos los grupos del campo y allí conocieron a los españoles. Se enteraron que había un examen. ¡El examen! - sus ojos parecían asustados.
Por supuesto, habían sabido antes, pero todo esto les parecía una pesadilla. Esperaban que los españoles vieran a verificar sus habilidades de otro modo pero ¿cómo lo iban a saber? Quizás pudieran preguntar cómo sabes español: si muy bien, pues vale, vas a este grupo, si un poco peor, vas a éste. El miedo del examen, precisamente, del examen oral fue enorme. Todo el año anterior tenían los exámenes y en las vacaciones no querían tener uno más...
Un milagro que las chicas sobrevivieron al examen. Algunas de ellas fueron a los grupos con el mejor nivel. Pero aquí no se acaba esta historia porque después del examen había llegado el momento para estudiar. Al comienzo de la primeras clases esas chicas jugaban estupendamente diciendo, que animales serían, si pudieran o aprendiendo de memoria que “la belleza no es un lugar
donde van a parar los cobardes”, pero después... un desastre. Resultó que tuvieron que escribir un poema. ¿Un poema? - sus ojos volvieron parecer asustados
Pero el profesor, muy simpático, fue rotundo. Hay que escribirlo y basta. Las alumnas pasaron muchas horas preparando un poema. Una de ellas escribió algo de su amiga:
Divertida, sociable y muy simpática;
estaba siempre en las nubes
en martes, miércoles y lunes
Dagmara, esta chica fantástica
Todo esto fue una cosa pequeñita en comparación con los mosquitos que les picaban todo el día y toda la noche. No tenían compasión por nadie, ni para los polacos ni para los españoles. Los jóvenes o los mayores, les daba igual. Estos no eran mosquitos normales sino unos monstruos sanguinarios, que no picaban sino que mordían a inocentes. No había ningún remedio. Sólo había que gustarles.

¡Ah sí!, he olvidado decir algo sobre los españoles... Pues, algunas de nuestras chicas ya habían conocido la cultura española y los españoles cuando vinieron al campo. Pero el resto, no. Y este resto estuvo muy sorprendido porque hablaban, bailaban, cantaban, gritaban y saltaban sin ninguna vergüenza. Con el paso de tiempo se acostumbraron y aprendieron a comportarse más como los españoles: jugar, hablar, bailar, cantar, gritar y saltar sin vergüenza.
Con todo eso, las chicas no tenían nada de tiempo para aburrirse, pero bueno, excepto una media hora entre las clases. Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. El desayuno, las clases, la comida, los talleres, las compras, la cena, las charlas hasta las doce y la diana a las 7... Cada día estuvo lleno de atracciones. Y ya, tenían que despedirse. Con Wroclaw, con los españoles, con los polacos, con un buen tiempo y con los mosquitos. Cuando llegaron a Katowice sabían que, no descansaron, pero lo pasaron bomba.



Sylwia







